Fernando Meneses Romero

 

 

 

 

 

 

Fernando Meneses Romero

Fernando Meneses

 

 

Oriundo de La Gloria, Cesar, creció arrullado por el Magdalena, un río que arrastraba troncos consigo y cantando los hacia chocar contra la casa palafítica en la que vivía. Creció –dice con orgullo-, bañándose en caños y riachuelos, y gozando de la naturaleza.

Su padre también le cantaba, cuando para hacer que dejara de llorar y se durmiera lo metía en el chinchorro y lo mecía suavemente.  Le cantaba canciones románticas, canciones inventadas por él, que hablaban de cosas cotidianas, de su llanto de niño, o del futuro. “Desde que tengo uso de razón, él inventaba mentiras –dice Fernando-, porque era mitómano. Pero eran unas mentiras tan hermosas que eran como fábulas, y las decía de una manera muy poética, y esas son cosas que le van calando a uno”. Pero además en sus recuerdos está Julio Erazo, un gran compositor, que era compadre de su papá, con el que armaban unos parrandones épicos, y cantaban. Él tenía 11 años, y cuando oía esa poesía tan avasalladora se decía a si mismo que “algún día tendría que escribir canciones así”, y con esa idea fue creciendo.

Cuando tenía quince años y estaba estudiando en Ocaña, se enamoró ‘en serio’. Y una vez, cuando se estaba bañando, empezó a cantar una canción; entonces, se dio cuenta de que era algo que nunca había oído, y se salió medio enjabonado a buscar una grabadora para poder retener esa melodía. Luego empezó a desear que llegaran ya las vacaciones para cantársela a Julio Erazo, cuando llegara a armar las parrandas con su papá. Estaba convencido de que lo iba a dejar ‘muerto’, “porque uno cuando compone algo cree haber compuesto el himno nacional, o algo así”, dice.

Mientras cantaba, Julio Erazo lo escuchaba atentamente, y convencido de que lo tenía dominado, Fernando lo miró con pose de ‘sobradez’ y le pidió su opinión. Entonces Erazo le dijo: “Fernando, te voy a decir que yo creo que en mi vida jamás había oído una canción tan fea, tan fea, tan sin gracia, tan sin poesía, tan sin melodía”. Y aunque su crítica era bienintencionada, Fernando se sintió tan achicopalado que se fue a su cuarto a llorar y prometió así mismo olvidarse de la composición. Y lo dejó así.

Pero se volvió a ennoviar, volvió a componer, atendió a las críticas de Erazo, y volvió a someterse a su juicio crítico. Esta vez lo oyó decir que su nueva canción era ‘un poquito menos mala que la anterior’. Y así, canción tras canción, hasta que lo oyó decir “bueno, ésta si está como regular”, pero de todas maneras taca y taca y taca. Era que Julio Erazo cogía verso por verso y lo criticaba, y aunque Fernando se moría de rabia, en el fondo entendía que le estaba haciendo un favor enorme, porque lo estaba criticando con razones.

En ese tiempo para tocar usaba la mesa como tambores en la parte rítmica, y allí iba componiendo la melodía. Mucho tiempo después, en plato, Magdalena, fue el ‘hombre Caimán’ el que le enseñó a tocar la guitarra. Y después Julio Erazo, a quien todavía visita en su pueblo por lo menos una vez al año, quien lo ayudó también con la guitarra.

Fernando, el mayor de siete hijos, el hijo de don Ubaldo, que fue telegrafista de La Gloria, siete veces alcalde y era dueño de un inmenso acervo de sabiduría popular que lo hizo muy respetado en su pueblo, salió de su casa muy pequeño a estudiar. Tal vez por eso, por ese respeto que infundía su padre, Fernando quiso hacerse médico. Además, su padre, cuando veía que la gente lo buscaba para pedirle canciones, se oponía, y le decía: “Hasta que tu termines la medicina no grabas canciones, porque después te me haces a un lado, y yo quiero que tú seas profesional”. Pero después de que Fernando se graduó, su propio padre le buscó quién le grabara sus canciones.

Cuando aún era estudiante de Medicina de la Universidad de Cartagena, y gracias a la prestancia de su padre, en cuya casa se reunían presidentes y gobernadores, y muchos músicos, empezó a acercarse a grupos reconocidos y a llevarles su música. Pero fue el Binomio de Oro, por medio de Rafael Orozco, el que le abrió de par en par la puerta como compositor. Eso fue en la casa del médico de la Jagua de Ibirico, cuando Fernando le cantó ‘Momentos de amor’, y Rafael se la hizo cantar como diez veces, hasta que se la aprendió de memoria y empezó a cantarla Solo. Después, al terminar la carrera, conoció a Israel Romero, quien tiempo después grabaría esa canción con Rafael Orozco, después de cantarla juntos por primera vez en una parranda.

Cuando las composiciones de Fernando –todas románticas, porque el piensa que “cuando uno habla de lo que no siente dice mentiras”- se hicieron muy famosas, muchos grupos querían grabarlas, pero definitivamente su intérprete más apetecido es él mismo, porque cuenta la historia de cada canción. Una vez, que contaba que alguna canción la compuso para una muchacha, y que aquella otra la escribió para otra muchacha que conoció en Barranquilla, y así. De pronto, vio que una muchacha, que lo miraba sorprendida después de que él llevaba ya como quince canciones con sus respectivas historias, se acercó a preguntarle “oiga, ¿cuántas canciones ha compuesto usted?”, y el le respondió “por ahí unas trescientas o trescientas cincuenta”. Y ella, más asombrada aún, le dijo, ¿o sea que usted ha tenido esa cantidad de mujeres?”. Y él dijo “no, porque hay mujeres a las que yo le hago de a dos o de a tres”.

Pero fueron Rafael e Israel, el Binomio de Oro, los intérpretes más famosos de sus canciones. Ellos generaron un cerco a su alrededor, y no permitían que nadie se le acercara.  Así, se forjó una relación de exclusividad, porque ellos le decían “todo lo que tú compongas es para nosotros”, pero era una exclusividad de amistad, sin nada de dinero de por medio. Aunque una vez, que tuvo una pelea con el Binomio, le dio ‘canasta de ensueños’ a Jorge Oñate, quien la grabó de inmediato. Esa canción se convirtió en un éxito y fue la que más discos vendió en 1979.

Y aunque este año el Festival Cuna de Acordeones, que se celebrará del 17 al 20 de septiembre en Villanueva, Guajira, le rendirá un homenaje, Fernando no solo ha compuesto vallenatos. Su repertorio incluye bolero, merengue, son y música andina. Uno de sus bambucos más reconocidos es ‘Quiero ser tu amante’, que fue grabada por los Hermanos Martínez, los Hermanos López y los hermanos Prieto, y que nació después de un encuentro con Pedro Nel Martínez, quien lo retó a que compusiera un bambuco, y que él haría lo propio con un vallenato. Después de eso, Fernando se entusiasmó con los ritmos andinos, y compuso ‘Mi corazón es un tiple’, una canción que presentó en el Socorro, con los Prieto, y que dice que para enamorar a una mujer de esas tierras guardó su corazón en una madera de tiple.

Fernando Meneses, que llegó a Bucaramanga en el año noventa salvaguardándose de la guerrilla, está casado con Ruby, y tiene tres hijos y cinco nietos, a los que les compuso un paseo vallenato que será grabado en poco tiempo. Su hijo mayor es ingeniero electrónico y trabaja con la Drumond; el otro es médico y también vive en la ciudad bonita. Berenice, que es cantante y compositora, egresada de la UPB, vive en Australia, y tiene, según afirma su padre, “más sensibilidad musical que yo”. Ella es la única que heredó la vena musical.

“Yo pienso –dice Fernando- que así como a Rafael Orozco ‘Momentos de amor’ le traía suerte, a mi son las canciones las que me han generado momentos de amor, y la expresión de ese amor ha significado el éxito de esas canciones. Y mi mejor canción, sin duda, ya está compuesta, que es Ruby, mi esposa, de quien he vivido plenamente enamorado, y realmente mis canciones exitosas han sido para ella. Y todavía le compongo”.

 

 

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