Benjamín Rueda Hortúa

Benjamín Rueda Hortúa

¿Qué habría sido de la música colombiana si no existiera la radio? Pero el medio por sí solo no resuelve, porque si no hay quien se empeñe dentro de los medios de comunicación, el impulso se da, pero muchas veces está desenfocado de su verdadera esencia, así que la pregunta debe variar: ¿Qué habría sido de la música colombiana si no tuviera dentro de los medios a personas que defiendan nuestros valores culturales?

Y la respuesta podemos encontrarla al sintonizar cualquiera de las muchas emisoras, tan preocupadas por vender, que el resultado es que –de verdad- se han vendido a un entorno desalmado cuyo soporte cultural es tan fugaz como los productos que ofrece. Pero en medio de tanta oferta de tantas emisoras, desde hace muchos años, el folclor llanero ha tenido quien lo defienda y lo difunda.

Benjamín Rueda Hortúa empezó a trabajar en la radio en 1961, como ayudante del famoso tío Pepe, que hacía programas en el teatro Unión, con el payaso Pepino, en Radio Santander. Su instrucción la recibió de él mismo, porque sin conocer los equipos ni el funcionamiento de los transmisores, ni las consolas, debió meterse de lleno a transmitir las Vueltas a Colombia en Bicicleta, a hacer remotos, a ver cómo se inventaban la narración de hechos inexistentes porque nadie era capaz de alcanzar a los ciclistas en bajada, y aprender de los errores, como cuando tuvo que perseguir un camión que se llevó el cable, porque lo había instalado muy bajito.

Trabajó como operador en dos emisoras, un turno en RCN y otro turno en Caracol. Salía de la una, y se metía a la otra, hasta que comenzó a ver que su trabajo era bueno, y por eso pidió aumento de sueldo, y por eso lo echaron. Intentó trabajar en algo distinto, pero el instinto (el radial) lo hizo regresar. Era 1963, y ganaba 450 pesos mensuales.

Estudió contaduría, pero la profesión no le sirvió más que para hacer sus propias cuentas, porque como contador ganaba menos de lo que ganaba en la radio. Para entonces ya había fundado el programa Alborada Colombiana con Manuel Varón y Reinaldo Mejía Gutiérrez, los domingos a las seis de la mañana, simplemente porque en ese turno no había nada que hacer, de modo que comenzaron a sacar música del archivo, y a él le llamó la atención poner lo poco que había de música llanera, más de Venezuela que de Colombia: Ávila, Castillo, Navarro, el Carrao de Palmarito; de aquí solamente se conocía el rey, Isidro Contreras, y Los Galanes, un trío que tocaba música llanera, pero con guitarras, no con arpa. Desde entonces, de manera ininterrumpida, ha producido programas de música llanera, todos con libreto elaborado en una máquina portátil de escribir que tiene sesenta años, de esas que se usan todavía en el centro para elaborar declaraciones de renta.

Fue uno de los fundadores del primer sindicato de trabajadores de la radio en Bucaramanga. En la primera huelga que hubo en Bucaramanga, que se le hizo a Caracol, él era presidente del sindicato. Tenía fama de templado.

Fue programador en Radio El Sol, que después se llamó Antena 2, y allí llegaron en 1981 unos muchachos de Arauca a montar el programa Amanecer Llanero, que duró dos meses, porque además de que no había música suficiente, no salió como ellos esperaban, que se iban a llenar de plata con eso. Con lo mucho que hay que luchar para conseguir en Bucaramanga un patrocinio, su programa Alborada Colombiana tuvo patrocinios hasta que llegaron los sistemas modernos de administración a legislar sobre los precios de los cupos, que no los compra nadie por costosos. Benjamín retó entonces al gerente: si usted es capaz de vender un cupo de esos, yo renuncio a la emisora, y me retiro sin liquidación. A los tres meses volvieron a los precios antiguos.

Por razones obvias, cuenta con la amistad de los artistas llaneros, que ven en su trabajo de difusión la forma de darse a conocer en esta región de Colombia. Entre ellos están Aries Vigoth, el Cazador Novato, el Cholo Valderrama, el Chicanero Ávila, Rafael Vargas, Nancy Vargas, la Corocora del Llano y Walter Silva. Ha aprendido tanto de la música llanera que ha sido invitado como jurado de festivales de importancia, y aunque no aprendió a bailar, se defiende, pero le ha parecido difícil, porque dice que hay que tener mucha energía para aguantarse un baile de esos.

Tuvo el programa Atardecer Llanero en RCN, homenaje al llano en la emisora de la Policía Nacional y Estampas de la Llanura en la que llaman ahora la Bonita y Popular, y desde el año 2000 está vinculado a la Emisora cultural Luis Carlos Galán Sarmiento, produciendo su programa Leyenda, Llano y Folclor, con el respaldo de su fonoteca, que suma alrededor de mil discos compactos y mil cuatrocientos elepés de vinilo, lo que permite deducir que, desde que se fundó la Asociación Llanera en 1981, lleva más de treinta años trabajando gratis para difundir la música llanera.

Aprecia en Bucaramanga el trabajo de Ramiro Pilonieta y del chino Juan Pablo Robles, hijo ausente del Festivalito Ruitoqueño, y en la parte instrumental, a Hernando Unda, y a Rafael Acevedo, y admira el valor que los llaneros dan a sus expresiones musicales y la identidad que los reúne alrededor de su cultura, y a pesar de que está muy metida allá la música “guate”, como llaman a lo extranjero, lo suyo siempre está por encima, y es algo que debiéramos copiar en las otras regiones.

Benjamín Rueda Hortúa nació en una vereda donde queda hoy el sector de Lagos del Cacique, que entonces pertenecía aún al estrato cero, en medio de parcelitas, frente a los jardines de la Colina, cuando el terreno no sufría del mal de los derrumbes que ocasiona la vida moderna. Su padre se llamaba Gerardo Rueda Prada, de Betulia, y su madre, Ruperta Hortúa, de Floridablanca, en una familia de nueve hermanos: Luis, Amelia, Helena, Gerardo y Carlos, los que se fueron, y Herminia, Isabel y Benjamín, el Benjamín. En 1962, conoció a Fanny Araque Rojas, y la invitó a salir, y salieron, claro; y la segunda vez, también la invito a salir, y vieron que eran el uno para el otro, y que era mejor formalizar esa vaina, y desde entonces, por más de cincuenta años, viven un permanente romance en una ejemplar vida matrimonial de la que hay cinco hijos: María Claudia, Ricardo Albino, John Fabio, Mónica Viviana, y Nora Johana, y ocho nietos.

Dice Benjamín: “Desde el último día del mes de agosto del años 2000 salí de RCN, y quedé pensionado, y ya voy a cumplir trece años, confiando en Dios y la Virgen”. Y nosotros, en el Festivalito Ruitoqueño, querido Benjamín, deseamos que cumpla muchos, muchos años más.

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