Rafael Mancipe Quiroga

Rafael Mancipe: creador, artista, peluquero…

El chino de la quinta edad

Nacido en Malpaso, Santander, en un hogar campesino, y sin completar la primaria, se puso en contacto con la poesía y la música, y soñó con sus propios poemas y composiciones. Este mes, el XXI Festivalito Ruitoqueño de música colombiana le rinde homenaje por su vida y su obra.

Ha compuesto canciones que perfilaron su identidad como colombiano, pero también ha compuesto otras, de género “carrilera”, que le han valido su reconocimiento nacional, porque ha escrito temas que intérpretes como las ‘Hermanas Calle’ y ‘Los Relicarios’ han llevado por muchos rincones del país, por muchos escenarios, por muchas emisoras, por todas las rocolas. Él es la representación de la imagen histórica del peluquero, que a la vez es músico y todero, el mismo que ayudó a nuestro país a forjar una identidad cultural que lamentablemente ha venido perdiéndose.

Peluquero conversador

Aunque suene pleonástico el subtítulo, se justifica porque el maestro Mancipe ha tenido fama de conocer profundamente los temas de conversación, que tanto identifican a los de su gremio: “Yo soy bumangués –afirma–. Mi mamá contaba que yo nací en el campo, en la casa, de la vega para arriba, donde hoy está El Porvenir (el Inem); dicen que nací allí (porque uno qué va saber realmente dónde nació) el 11 de julio de 1917: ya tengo 93 años. Ejercí la peluquería desde el 12 de octubre del 39, y lo tomé como oficio en el 42, y si no fuera por la cintura y este asunto de la columna vertebral, podría bailar hasta el reguetón, porque si fuera zapatero, estaría trabajando todavía, pero de pie no puedo trabajar. Yo no aproveché la juventud, porque me quedé trabajando en peluquería, un oficio que venía con todo, con tiple y lo demás, pero a mí me tocó aprender a tocar el tiple y la guitarra en el campo, escondido, con los métodos de Lelio Olarte. Me retiré porque las piernas me duelen. Me casé a los 28, y hasta hace cuatro años estuve en la peluquería de la carrera 17. Tuve seis hijos; uno de ellos está en Táriba, Venezuela; otro toca guitarra y piano y vive en Medellín, y uno de mis nietos toca el saxofón en RH Positivo”.

Este pobre chino de la quinta edad

“Yo sí creo en la importancia del dinero, porque si uno lo tiene, no se vara; el dinero es la vida de todas las vidas; y la gente cree que toda persona gorda tiene dinero, así que yo no he tenido problemas; y vea, me siento tan bien, que puedo leer sin anteojos, y lo hago todos los días, prensa y libros, pero me la paso también arreglando mis cosas. Vea a este pobre chino de la quinta edad, que, a pesar de ser pobre, ha vivido una vida plena. No he disparado un revólver, ni le canto a la violencia; sí me tomo una cerveza, pero jamás he sido bebedor. Cuando me ofrecieron trabajos que suponían terciarme un arma, los rechacé, porque para mí las armas ni los juegos se hicieron. Es más, he recibido visitas de alzados en armas para que les haga canciones, pero les digo que no; yo no sirvo para cantarle a la guerra, ni cierro los ojos cuando canto, para no faltarle al respeto a la música”.

Llorando mi pena

Los choferes que viajan a Medellín le han contado que se oyen mucho sus canciones en los pueblitos que visitan, menos por acá. Hay una canción que le recuerda una anécdota particular: Los Relicarios le grabaron en los años sesenta una canción que todavía se oye, ‘Llorando mi pena’, dedicada a una madre moribunda; alguien le preguntó alguna vez por su música, y cuando se enteró de que él era el autor de esa canción, le dijo que tocaba demandarlo por la enorme cantidad de trago que había hecho consumir en Antioquia.

Unos años más…

Rafael Mancipe Quiroga ríe permanentemente (y dicen que es la risa una fórmula perfecta para conservarse en el tiempo). “Sayco me beneficia con medio salario mínimo mensual, aparte de las regalías que me pagan en el año –dice el compositor– por unas ochenta canciones que tengo registradas, y treinta y cinco grabadas; pero no he podido comprar un solo metro de tierra. Yo les digo a ellos (a los de Sayco) que me entierren en el cementerio central; me aterra pensar en que me entierren en Las Colinas, porque si me salgo a tomar gaseosa en las casetas de enfrente, las ánimas me asustan. Yo le pido a Dios que me deje vivir siquiera hasta el año 2500, porque definitivamente la última tontería que hace uno es morir”.

Algunos reconocimientos

Guane de Oro como artista del año de la Casa de la Cultura Custodio García Rovira, Museo de Bellas Artes (1991). Placa como ‘Rey’ en el II Festival de la Trova, Matanza, Santander (1993). El Candil de Oro (su más preciado galardón) en categoría especial, otorgado por la Casa de los Poetas; Condecoración ‘Ciudadano Meritorio’, otorgada por la Alcaldía de Bucaramanga (2001). Mención de honor por su destacada participación en el concurso de poesía en el centenario de Pablo Neruda (2004). Finalista con mención especial en el premio de poesía y cuento ‘Ciudad de Floridablanca 2006’.

“Alguna vez en el teatro Unión, el arzobispo Héctor Rueda Hernández, bromeando, le pidió el secreto para el éxito con las muchachas, y Mancipe le contestó: Si quiere le presto la guitarra”.

 

 

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