Nicolás Esteban Maestre Martínez

Nicolás “Colacho” Maestre

Colacho es el segundo de los hijos de Silvestre Rafael Maestre y Sixta Tulia Martínez. Sus hermanos: Leonel, Nicolás, Emilce, Silvestre Segundo, Hugo de Jesús, Genisberto, Ledy Cecilia, José Alfonso y César Enrique. Por otra parte, de apellidos Maestre Castilla, Johnny Enrique, Jassir Alfredo y Luz Karime.

Vivió con sus padres en Patillal hasta 1950, cuando tenía seis años, y se mudaron a Valledupar, pero él se quedó estudiando la primaria con su abuela, Dolores Celedón Martínez, y sus tías parranderas, que un año antes tenían ya el capuchón listo para el carnaval, dizque para la misa, pero era justificándose para irse a la parranda. Su papá era jornalero, amansador de bestias y vaquero. Le dicen Chive, y cuando amansaba los caballos en el parque, se corría la voz para salir a verlo amansar en pelo. Hacía viajes de ganado de Patillal a El Banco”, por caminos de herradura, para embarcarlas hacia el interior del país.

Comenzó la secundaria en Valledupar en 1959 y comenzó también el tema de la música. Instalaron la emisora en 1957 y su tío César Maestre, que tocaba tiple, cuatro y guitarra, bombo y redoblante –todero, como Julito Morales–, fue el músico de la familia y a él le debe la inducción a la música. Colacho siempre estuvo muy apegado a la iglesia; fue acólito en Patillal y en Valledupar, y el Obispo quiso que fuera cura, pero su papá se opuso. Hoy Colacho le reclama a su papá porque “ajá, mira a los hermanos de Rafael Daza, que están ricos; él no porque él es el sacerdote, pero los hermanos sí; ¿cómo estarían mis hermanos hoy?”.

Las primeras canciones que aprendió –porque Sixta Tulia las cantaba cuando se ponía a tirar plancha– fueron María Helena y Hojas de calendario. En aquella época tocaba reolina, o violina, como la llaman allá, y la kuisi y el carrizo, y se tomaba chirrinche, pero no había plata, así que resolvían la bebeta llevándole serenata a ‘la Paloma’, una mujer tan gorda que no podía caminar, que vendía ‘chirrinche’ y lo mantenía debajo de su cama: “Palomita blanca, de la orilla ‘el río, préstame tu manto, que muero de frío”. Este canto es del ‘chicote’, el aire musical típico de la cultura Cancuama, en el corregimiento de Atánquez, de donde era ‘la Paloma’; entonces con la serenata le tocaban las fibras del alma y ella aflojaba el tesoro que tenía debajo de la cama.

Y lo de plata lo resolvía de otras maneras, como cuando se disfrazó de un espanto –‘la Alerta’–, un fantasma que salía a las doce de la noche en la víspera del primero de noviembre, con una campana, y la leyenda dice que debe pagársele diezmo para que no se lo lleve. El monaguillo les consiguió la campana del Niño Dios; Colacho se puso una sábana, de uno de sus hermanitos menores, hedionda a meados, y el otro esperaba en la esquina. Reunieron como 5 pesos cuando la botella de chirrinche costaba 70 centavos.

En 1970 estuvo con el ‘Ballet Vallenato’, las danzas del departamento del Cesar. Ese año, Auca, la colonia costeña, los trajo a Bucaramanga, y él terminó viviendo en un garaje detrás de la Clínica La Merced, y estudiando metalúrgica, que escogió porque su tío, además de guitarrista era pintor y latonero. Colacho se pregunta si de su tío sacó la decisión por la metalúrgica o el oído para la música, por lo de ‘latonero’.

Tiene alrededor de 27 obras compuestas. En 1974 ganó como compositor en el Festival en Valledupar con El hachero. El premio fueron diez mil pesos. Les dio dos mil a los músicos, y con los ocho que le quedaban estudió el resto del año y bebió ron como el ñato. La obra fue interpretada por Armando Moscote, quien luego la grabó con un grupo mejicano de Monterrey. También fue grabada por Juan Piña y la Revelación, Daniel Celedón y Óscar de León. Otra obra suya es la cumbia Juan el tamborero, grabada por La Gran Banda de Bucaramanga, hoy Bucarabanda. Por insinuación de Fernando Remolina, participó con el bambuco Pueblo verde, compuesto para Patillal, en el Festival del Bambuco en Suratá. Para ello, estudió la estructura del bambuco tradicional, con cortes y pasos, guiado por la obra de José Morales. Primero compuso uno y se lo mostró a Fernando, y su respuesta fue: “Está bueno, pero tiene dejo costeño”. Entonces compuso el tema ganador.

La cultura y el folclor colombiano le deben, y nosotros le debemos. Colacho Maestre es una muestra viviente del valor de nuestra cultura y de nuestra identidad. Colacho Maestre es hoy una institución en Santander y Colombia. Es un folclorólogo, y un artista, y un maestro, y un amigo.

 

 

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