Néstor Cáceres Aponte

Néstor Cáceres Aponte

Su primer apellido es cosa del papá; el segundo apellido es factor decisivo en su vida por el padre… Aponte, su tío. Hijo de Juan de la Cruz Cáceres y Ana Aidé Aponte, y hermano de Heriberto, Hernando, Orlando, Henry, Martha y Lucy, Néstor pertenece a una familia musical en cuatro apellidos. Su papá mantuvo constantemente sus instrumentos y era inquieto en lo artístico, aunque no les enseñó mucho. Tenían el Cuarteto Los Hermanos Cáceres, con todos menos Heriberto. Modelo 56, Néstor nació en Onzaga y estudió allí hasta cuarto de primaria, cuando al cura Aponte le dieron parroquia en Olival y se fue con su tío a hacer quinto. Después regresó a Onzaga al Colegio Integrado Nuestra Señora de Fátima, y terminó el bachillerato en la Escuela Normal de Oiba. Había allí una profesora, Odila, tan brava que le decían ‘Gorila’, y un día se le soltó a Néstor el apodo delante del marido. Como a los estudiantes les tocaba dictar clases de práctica, ‘Gorila’ pensó cobrárselas: le dijo que tenía que encargarse del teatrino y de la música con Los Luceritos de Oiba y que ella le dictaba las clases. Boquisuelto y todo, resultó premiado con lo suyo.

Trabajó en la Escuela Industrial de Oiba durante dos años como profesor y coordinador de disciplina. Tenía entonces 17 años, y tenía que parar a sus estudiantes (mayores de 25) contra la pared para que no se la montaran. Era la época de oro de Oiba en la música, pero había mucha pernicia. Era el apogeo de los Luceros de Oiba, grupo dirigido por el cura Aponte, que marcó su futuro musical; no perteneció a ellos, pero siempre fue un punto de referencia. Huyéndole a la parranda se paraba en la variante a que lo recogiera cualquier carro para ir a cualquier lugar, hasta que resultó en Bogotá como mensajero en una fábrica de porcelana sanitaria, pero su objetivo era estudiar música. Se presentó a examen de admisión en la Academia Luis A. Calvo varias veces… y nada. Entonces le cayó al director del Patronato, Joaquín Piñeros Corpas, amigo de su tío, el cura Aponte, y con la tarjeta suya, entró como un tiro; casi lo nombran como profesor. Allí estudió solfeo y tiple, y vivió con Norberto Cáceres, un primo a quien le enseñaba música a cambio de clases de pintura. La indicación para llegar a la casa (nunca había ido a Bogotá) fue muy clara: bájese en El Campín y llegue hasta un restaurante santandereano que se llama Chicamocha y tiene un chivo pintado, y por ahí coja a mano derecha hasta que el olor lo lleve.

Aunque la vida de Néstor es la música, él dice que muchas veces ha podido vivir para la música a cuenta de la pintura. Su última exposición la hizo hace cuatro años en la Sociedad de Arquitectos. Los cuadros los hace ahora por encargo.

En Bogotá estuvo tres años hasta que murió su papá y la familia lo presionó para que regresara a Onzaga, pero después de unos meses, en 1978, se vinieron todos para Bucaramanga. Aquí solo trabajaban Martha y Orlando. No había qué hacer y le llamaba la atención el arte, trabajarle a los lienzos; entonces su tío, el cura Aponte, le consiguió trabajo en Coltextiles y terminó subiendo telas y bajando telas.

Mientras tomaba clases en Dicas con Luis Francisco Sánchez, su profesor enfermó y Néstor hacía los remplazos. Cuando Sánchez murió buscó la manera de ayudarse con Orlando Serrano o con Lucía Emperatriz para ingresar como parte de la nómina, pero no se pudo hacer la vuelta. Entonces tocó caerle otra vez al cura Aponte. Llevó la hoja de vida a la Gobernación y, después de vueltas y protocolos, recibió el cargo el 5 de mayo de 1985. Allí una muchacha se quedaba al final de las clases para que le explicara cómo era el cuento de La7, y que estaba aburrida con el maestro Lara. Era Nelly Rivera. Pidió cambio de profesor, se hicieron amigos se consolidó el grupo de estudio. Orlando les pidió alguna vez que cantaran una guabina y ahí nació el grupo Cuerdas Folclóricas de Santander. En esa época estuvieron dos fines de semana en Bucaramanga, el resto del tiempo, viajando. Nelly fue a Ginebra con el grupo familiar Corazón Santandereano y lo invitó (porque ella ya tenía sus intenciones). Fueron amigos más de un año, y después… no se supo. Una noche llegó Nelly con todo el combo a darle serenata, y la primera que salió fue la mamá de Néstor. Ahí se le pasó la rasca a Nelly. Hace 19 años viven juntos, en un matrimonio bendecido por… el cura Aponte. Tienen dos niñas, Nelly Paola, de 14 años, y Sonia Carolina, de 9.

Ha compuesto varios temas: la rumba La suya (que es mía), Bicentenario, una marcha, un joropo que no tiene nombre y la llaman ATM. El himno de Aguada y el de Pequeños Gobernantes, el jardín infantil donde estudió Sonia Carolina.

Una vez recibió la Orquídea de Plata, un trofeo que consistía en un disco de 78 revoluciones ablandado al sol hasta que le daban forma de orquídea. Se lo ganó como solista vocal acompañado de tiple. Sin embargo, dice que lo suyo en la música ha sido lo pedagógico. Insiste en que una de sus satisfacciones no ha sido ‘poder’ sino ‘no poder’, porque cuando ya no pudo acompañarle a Ricardo Varela, su alumno, se dio por bien servido.

 

 

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