Alfonso Guerrero García

Alfonso Guerrero García

Nació en Bucaramanga el 23 de enero de 1934. Inició sus estudios musicales con su padre, Juan, y su tío Víctor Manuel Guerrero. Aquél le enseñó teoría, solfeo, clarinete y violín, y luego estudió en el conservatorio, dirigido por Luis María Carvajal. A los 9 años organizó su primer grupo musical con los hermanos Pico con quienes inició presentaciones en programas radiales y reuniones sociales. Los representaba el papá, encargado de cobrar los cuatro pesos de cada serenata. Ingresó después a la banda departamental como clarinetista. Allí estuvo durante 20 años como músico y otros 20 como director.

Hace cincuenta años cobraba entre cuarenta y cincuenta pesos por una serenata, pero sus primeras ganancias como músico las recibió en especie. Se cobraba con helados. Como participaba en las piñatas, al terminar su presentación, de pantalones cortos, la pregunta era: “¿Qué se toman los niños?” Y al ataque con los helados.

Ganó en aquellos días un concurso en Radio Bucaramanga y el premio, cinco pesos, se lo dieron en Laxina, Mejorales y cepillos de dientes.

Las serenatas -parte importantísima en su vida porque, en el caso de los matrimonios, tiene concordato para que los sacerdotes declaren el casorio a medias si la serenata no fue suya- iniciaron con la alcahuetería de la tienda Arámbula, a la luz de las velas. Allí se reunían desde las 9 de la noche y ensayaban cerca de 30 temas. Al final, en la serenata tocaban siempre las mismas: Morir soñando, Inspiración, algún pasodoble, Quiero ser en tu vida y Mariposita azul.

Algún tiempo después, hubo traslado de los ensayos a La Bastilla, en donde se volvió tradición buscarlos, encontrarlos y gozarlos.

Una noche se demoró en llegar y al hacerlo se encontró con el maestro
Alcibíades Parra atacado por la angustia. Tenía encima a un cliente que pedía un tema especial e inconcebible, que fuera alegre, pero triste; suave, pero que se oyera. Y entró Alfonso Guerrero a decirle al tipo: “¡Se la tengo!” Y el tipo inquieto: “¿Y cuál tema es?” “¡Mariposita azul!”, le dijo el maestro Guerrero. Y le dieron esa noche la serenata con la misma lista de canciones.

Conformó una de las orquestas de baile más prestigiosas de nuestro país. Primero, los Satélites y luego Alfonso Guerrero y su orquesta, fundada en 1953. Ingresó a la Rondalla Bumanguesa como músico y posteriormente como director. Con Pacho Galán grabó el violín para el disco Fantasías del trópico. En el Supercombo de Edmundo Villamizar tocó saxos barítono, alto y tenor, clarinete y violinófono. Ha grabado en ocho discos de larga duración y tres compactos más de 50 composiciones.

Tiene con Graciela, su esposa, siete hijos, de los cuales Germán Alfonso, Juan Carlos y Víctor Javier siguieron su ejemplo musical. Ha sido un gran explorador de la cultura musical de otros países. Muestra de ello, su gran capacidad para interpretar con gran acierto la música clásica, el jazz, la salsa, los boleros y otros géneros musicales. Como artista ha llevado a lo largo del territorio nacional la mejor muestra del arte musical propio de nuestra tierra santandereana. Alguna vez los contrataron para dar una serenata en el occidente de Colombia, y luego de más de veinte horas de viaje, la serenateada no abrió la puerta (al parecer no se lo permitieron) y debieron embarcarse de inmediato para Bucaramanga.

Ha recibido importantes distinciones, entre ellas el Faraón de Oro, otorgado por la Casa de la Cultura Horacio Rodríguez Plata del Socorro en 1990, reconocimiento como Ciudadano Meritorio de Santander por parte de la Gobernación Departamental en 1980. Orden de la Democracia en el grado de Comendador por el Congreso de la República en 1995.

Entre sus obras, los pasillos Venado de Oro, Martha Graciela, Germán Alfonso, Mauricio Alfonso, Juan Carlos, Víctor Javier, Carmen Elisa, Mario Alberto, El trompo, El oibano, Ruitoque, Los Alpes, Bucaramanga, Mono Núñez; los bambucos Germán Andrés, María Alejandra, Pablo Celis, Rumbo a Suratá, Campo alegre, A ti te canto maestro; las danzas: Beatriz, Chatica; los valses Chelita, Eufemia, Para ti; la balada Carmen Elisa; el joropo Compadrito; el bolero Bella mujer y el pasodoble Málaga.

Admirado por todos (como cuando alguien de la concurrencia le gritó: “Maestro, usted es un monstruo” y el bajista le respondió: “¿Y usted qué tan bonito es?”) como intérprete, director, compositor y arreglista (cuando le encomendaron hacer los arreglos a la música de Víctor Guerrero alguien protestó: “¿Y es que está tan mala que la tienen que arreglar?”) queremos agradecerle, maestro Alfonso Guerrero García, por acompañarnos en el XIII Festivalito Ruitoqueño y aceptar este sencillísimo, pero sentido y afectuoso homenaje.

 

 

 

 

 

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